Voy a volver a quererte

Voy a volver a quererte aunque todavía haya noches en las que tu nombre se queda encendido en mi cabeza como una lámpara olvidada en una casa abandonada.

Voy a volver a quererte

Voy a volver a quererte. No porque sea fácil. No porque el tiempo haya hecho su trabajo como prometen los relojes optimistas y los consejos de los amigos que hablan de sanar como si sanar fuera una receta de cocina.

Voy a volver a quererte aunque todavía haya noches en las que tu nombre se queda encendido en mi cabeza como una lámpara olvidada en una casa abandonada.

Porque quererte no fue un accidente. Fue una forma de incendiarme.

Y uno no apaga ciertos incendios: aprende a caminar entre las brasas.

Hubo un tiempo en que tu risa era un país. Yo entraba en ella como quien cruza una frontera invisible y de pronto todo tenía sentido: las calles, los semáforos, la lluvia cayendo sobre las ventanas de los bares.

Tu risa era una patria breve donde el mundo dejaba de ser hostil.

Y yo, que siempre fui extranjero de todas partes, por primera vez me quedaba.

Voy a volver a quererte.

Lo digo ahora, en esta madrugada donde la ciudad respira como un animal cansado y las luces de los edificios parecen párpados a medio cerrar.

Lo digo sabiendo que quererte fue también una forma de perderme.

Porque contigo aprendí algo que nadie enseña:

que el amor no siempre salva.

A veces el amor es un barco hermoso que se hunde.

Y uno lo mira desaparecer con la absurda dignidad de quien sabe que igual volvería a subir.

Recuerdo tu cabello desordenado como si el viento hubiera decidido quedarse a vivir en él.

Había algo en ese caos que me hacía pensar en la libertad.

No en la libertad de los discursos ni de las banderas, sino en esa otra libertad más peligrosa:

la de alguien que no pertenece a nadie.

Ni siquiera a quien la ama.

A veces pienso que siempre supe que te ibas a ir.

Había en tus ojos una especie de horizonte.

Y los horizontes no se quedan.

Pero voy a volver a quererte.

Aunque tu ausencia tenga el peso de un edificio derrumbado. Aunque tu recuerdo camine por mi memoria como un fantasma que conoce todas las habitaciones.

Voy a volver a quererte porque dejar de quererte sería admitir que todo fue inútil.

Y no.

No lo fue.

Nadie sale intacto de un amor verdadero.

Ni siquiera quienes se marchan.

Hay cosas tuyas que el tiempo no ha logrado borrar.

Tu manera de mirar el mundo como si cada cosa tuviera una historia secreta.

Tu costumbre de tocar mi brazo cuando algo te hacía reír demasiado.

Ese gesto pequeño, casi invisible, que para mí era una forma de eternidad.

La eternidad a veces cabe en un segundo.

Hubo días en que pensé que el amor era una casa.

Después entendí que el amor es más bien una tormenta.

Uno entra en ella creyendo que puede salir seco.

Y termina empapado de recuerdos.

Voy a volver a quererte aunque ya no estés.

Aunque tu nombre ahora sea una habitación cerrada donde el eco responde cuando lo pronuncio.

Porque hay amores que no terminan.

Solo cambian de lugar.

Se vuelven música en canciones que uno no puede dejar de escuchar. Se vuelven versos escritos en servilletas. Se vuelven silencios.

Se vuelven este tipo de madrugada en la que uno entiende cosas que el día no permite pensar.

A veces imagino que vuelves.

No como en las películas donde todo se arregla con un abrazo y un beso bajo la lluvia.

No.

Imagino que vuelves como vuelven ciertas estaciones.

Con una calma nueva en los ojos.

Con menos miedo.

Con esa forma tuya de entrar en las habitaciones como si trajeras luz escondida en los bolsillos.

Entonces yo no diría nada heroico.

Ni discursos. Ni reproches.

Solo te miraría un momento como quien mira algo que estuvo a punto de desaparecer para siempre.

Y después, con la voz más sencilla del mundo, diría:

“te estaba esperando”.

Pero incluso si no vuelves —y sé que tal vez no vuelvas— voy a volver a quererte.

Porque quererte fue una forma de descubrir que mi corazón todavía era capaz de arder.

Y en un mundo donde todo parece frío, donde la gente aprende a amar con miedo y a marcharse antes de tiempo,

arder ya es una victoria.

Voy a volver a quererte aunque el amor tenga esta costumbre absurda de quedarse a vivir en lugares donde ya no lo invitan.

Voy a volver a quererte aunque la memoria sea un animal terco que siempre encuentra el camino de regreso.

Voy a volver a quererte como se quiere a las cosas inevitables:

al mar, al viento, a las canciones que uno escucha cuando el corazón pesa demasiado.

Y tal vez algún día cuando todo esto sea solo una historia que me cuente a mí mismo para entender quién fui,

alguien me pregunte por qué te quise tanto.

Yo sonreiré un poco.

Miraré hacia ningún sitio.

Y responderé algo simple, casi absurdo:

porque había en ti una manera de existir que hacía que el mundo valiera la pena.

Así que sí.

Voy a volver a quererte.

No hoy. No mañana.

Pero algún día cuando el dolor se haya vuelto un paisaje y tu recuerdo sea una luz tranquila en el fondo de la memoria,

voy a volver a quererte sin miedo.

Como se quiere a las cosas que ya no pueden rompernos.

Como se quiere a lo que una vez nos salvó.

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